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| Fotografía de Paola Florián |
Puente Brooklyn
Atravesar el puente es lo único que pasa por mi cabeza, si no llego, no la libro, dejo el puente manchado de crimen. La periferia no siente a nadie detrás, siente los seres que se aproximan sin mirar porqué es que me comprimo, ignoran mi mundo. Mi mano derecha en la parte baja de mi cuerpo impide el fluir de mi sudor, ya falta poco. Una vez llevo el encargo, me pierdo para siempre. La luna es azul esta noche. Las gotas gordas ya llegan a mi muslo, siento que se enfrían e impiden caminar. Ya no puedo más, llevo mucha carga, ¿y si los dejo aquí? De una me apañan, mejor cumplir que quedar mal. Ese que viene en frente es el guarda. Discreción. Cuando llegue a su lado, pararé y disimulo un poco. Ya casi, tres pasos más y podrá olerme el olor a cigarrillo
—G’nite
—Good night sir.
El tipo ni sospecha que tengo bajo el saco, nunca me imaginaría que esto llegara a ser contrabando algún día, malditos pendejos. Me siento más ligero. Con un chingado, lo tiré al lado de ese cabrón, en la madre, ni modo, tocará ir más rápido.
—Sir, stop, you dropped your… Stop right there or I’ll fire.
Ya me torcieron, a correr y si me alcanza una bala ya me tocaba… Ahora es cuando.
Dos disparos. El hombre cae. El guarda revisa su cargamento y habla en su radio:
—I got another one. Let’s see. This one was carrying “El Quixote” and some poetry by some Machado. Nice, he almost smuggled this crap in. We do need a clean up at the old bridge tho.
—Coming right up sir, and… Great job sir.
—Just doing the right thing son, the right thing.
El oficial carga con los libros en una mano y arrastra al cuerpo manchando su camino de regreso a Brooklyn.

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