sábado 9 de abril de 2011

Diario de un cabrón borracho

Imagen de RR @ artboycat.net


Diario de un cabrón borracho
1
Lo conocí por coincidencias sociales. Era cuestión de tiempo para encontrar al tipo del que tanto se hablaba. Su nombre no importa en realidad, la fama que había fabricado era más que suficiente para saber quién era el Cabrón de Ralf, borracho empedernido. Se veía a leguas que el tipo no respetaba mucho de lo que se  le imponía, si había reglas, por inercia correspondía ir en contra. Llegué a la fiesta pseudo-universitaria. El apartamento estaba lleno de muebles que había visto antes en la universidad. Noté de inmediato que las chicas que rodeaban a Ralf, no era realmente por su caricaturizado físico, sino por su personalidad que intimidaba y las atraía. Saludaba a todo mundo. A mi me saludó en breve, me dijo:
—¿Qué onda Mejicou?
El muy cabrón. Yo sólo sonreí y fui a buscar una cerveza. Intenté conversar con una rubia que me ofrecía un churro de mota, pretendí fumarlo y seguí explorando. Escuché una botella que se quebró en el traspatio y me fui a ver lo que sucedía. Encontré una lata de una cerveza en el camino. Mi curiosidad era dirigida a la trifulca que seguía en aumento. Bebí la cerveza como si no lo hubiese hecho en años.
2
Ya terminada mi cerveza me dirigí a ver que había pasado con la botella. Crucé todo el duplex y examiné cada rincón. El lugar estaba sucio, descuidado. Recuerdo un par de pisadas en el techo semiblanco que probablemente sería rastro de algún juego de borrachos. Al llegar al traspatio me encontré con un tipo que intentaba salir de la casa brincando el cercado mientras otros le tiraban basura. Aparentemente había dicho algo racista en contra de los negros, aunque casi todos eran gringos, se identificaban con Ralf, un dominican-riqueño con el alma tan oscura como su piel. El tipo que corría era alto y fornido, lo que le faltaban eran huevos.
Vi un tumulto de gente en una esquina del patio. Me acerqué.  Dentro del apartamento comenzó la música de un Dj, era una mezcla entre tecno y rap. La gente en la esquina servía cerveza de barril que estaba en un bote de basura repleto de hielo. Me sirvieron Bud-Light en un vaso de plástico. Seguí bebiendo.
3
Ya eran las 4 de la mañana y todo seguía tal cual empezó. Pasó una botella de Grey Goose y tomé un shot. Poco después llegaron unos tipos que nadie supo de dónde pero empezaron un pleito pendejo con el DJ, él se había cansado y empezó a poner música tropical y todo mundo comenzó a reclamarle. Las vecinas salieron de sus casas y empezaron a insultarnos. Muchos Cabrones de los que estaban ahí se pusieron a destrozar el apartamento. Yo me hice a un lado, ya no sabía si lo que veía era cierto o si ya estaba pedo imaginándome cosas. Terminaron corriendo a todo mundo con una pistola que un Cabrón sacó, no hubo disparos, pero si mucho miedo.
4
Ya eran las cinco y los que quedábamos ahí ya estábamos casi cerrando los ojos. Uno dijo que deberíamos ir al casino a seguir bebiendo, yo estaba por irme hasta que una chica guapísima dijo que quería bailar y ver bailar. Se descartó el casino, Ralf agregó que fuéramos a un stripbar. En Reno había muchos. Yo dije que no quería pero la chica me miraba con una cara cuestionando mis intereses, yo pensé que le atraía y los seguí.
5
Al salir de la casa, alguien se dio cuenta que hacía falta un carro. Era un BMW que la mamá de un Carbrón de esos le había regalado. Según lo describieron no era muy nuevo, pero igual habían robado el carro de estos Cabrones. Un tipo equis dijo que había visto unos Cholillos llevárselo. Estábamos en eso mientras se escuchó a un tipo arrancar desde unos matorrales. Ralf lo siguió y lo tacleó hasta quedar en el piso.
6
Subieron al Cholillo a una de las camionetas, parecía pelele por la manera que lo hicieron. Me hice al lado de la chica en una Cherokee que un Cabrón conducía. Ralf dijo que iríamos al stripbar y que después nos encargaríamos del carro. Parecía que hablarle a la policía no era opción. En cuanto llegamos al lugar, al Cholillo lo sentaron al frente de todos dando la espalda al escenario, no lo dejaban ni voltear siquiera. Ahí me invitaron a beber mucho más, no sé de dónde sacaban para pagar tanto, eso parecía no importarles. Hablábamos de finanzas, de teorías de borrachos que nunca llegarían a nada; parecía entretenerles mi visión de fin de mundo, mañana olvidarían todo.
7
Los tres tipos que siempre acompañaban a Ralf –creo que uno se llamaba Chase— parecía que andaban en un viaje raro todo el tiempo, sonreían de cualquier pendejada que fuera irrisoria a un niño de diez años, no obstante yo vi a esos mismos bobos aterrorizar al cholito después de salir del stripbar. Lo patearon hasta que escupió sangre, pidió un receso siguieron hasta que les llamó a sus compinches. Hablaron un poco por el celular, gritaron se amenazaron y después salimos de ahí. Ya era uno de ellos. Permanecí inmóvil, sabía que si llegaba a contradecirlos yo sería el próximo en recibir la misma golpiza.
8
Ahí fue que me di cuenta que debía irme, imposible a ese punto, subí a la Cherokee con la extasiada rubia. Al parecer les había dado hambre y quedaron de verse con los Cholillos en frente de una Jack in the Box. Empezaron a tirar puño, yo pretendí hacerlo un par de veces, no me dolía mucho, estaba entumecido por el alcohol y la adrenalina. Vi de reojo una tipa que se le aventó a Ralf viendo que este estaba deshumanizando a su novio. Me golpearon, caí. Después escuché un golpe, los chillidos de una tipa cobijados bajo mi dolor de quijada y mi continuo aturdimiento. Alguien me ayudó a levantarme. Los cholillos se metieron a sus carros y se fueron.
9
Al parecer fui la burla de todos, decían que me veían tirar golpes a todo lado, que casi golpeo a una doña que salía de trabajar del Jack in the Box.  Alguien llegó con una bolsa de tacos que eran el premio por haber sobrevivido la golpiza. No podía mascar muy bien, me empezaba a doler todo. Convulsioné.
 10
Cuando desperté, estaba en una clínica privada. No supe qué realmente me había pasado, pero lo que haya sido, ya me sentía mejor. Le pregunté a una enfermera y me dijo que me encontraron tirado al frente de la clínica, drogado. Me señaló un sobre cerrado. Lo abrí. Era del cabrón de Ralf. Era un recado a su padre, le decía que dejara de mandar pendejos a husmear su vida, y que le mandara más del dinero que le había dejado su madre. Que ya le faltaba un año para graduarse y necesitaba pagar unas deudas. La última línea iba dedicada a mi: «Mejicou te manda saludar la güera, regresa cuando ya no trabajes pa’ mi pa».
Ese fue el fin de ese cargo. Volteé a ver el suero pálido, sentí unas ganas infinitas de tomarme una cerveza por ese intravenoso. Me quedé dormido pensando en aquella rubia de la Cherokee.
Todo parecía un mal sueño, una cruda, un mal pedo.